Nazarena y Robert se miran y se toman de las manos, sentados en un banco.
Nazarena y Robert se miran y se toman de las manos, sentados en un banco.
Noticias ¿Y si la castidad no fuera amar menos, sino aprender a amar mejor?

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¿Y si la castidad no fuera amar menos, sino aprender a amar mejor?

Nazarena y Robert se abrazan en un jardín, con las frentes juntas.

Para Nazarena Garay, comprender la castidad cambió su manera de entender el amor, la libertad y su relación de pareja. Su experiencia muestra que vivir la castidad no consiste simplemente en poner límites, sino en aprender a cuidar al otro, respetar su libertad y construir una intimidad que va mucho más allá de lo físico.

mins read | 13. octubre 2026 | YOUCAT Communications

Más que una simple regla

Cuando Nazarena escuchó por primera vez hablar de la castidad, pensó que sabía lo que significaba: “no tener relaciones sexuales hasta el matrimonio”. Para ella, era poco más que una regla que los católicos debían cumplir. Con el tiempo, esa definición comenzó a quedarse pequeña.

Hoy, a sus 27 años, Nazarena Garay de Lima (Perú), habla de la castidad desde su propia experiencia. Es antropóloga y está formándose en marketing y, junto a su enamorado, desarrolla un proyecto en redes sociales para acompañar a jóvenes que buscan aprender a vivir el amor con mayor madurez, libertad y responsabilidad.

Cuando la castidad deja de ser una prohibición

Durante una etapa de su vida, Nazarena vivió relaciones en las que adelantó la intimidad sexual. Con el tiempo, reconoce que aquellas experiencias influyeron en su manera de relacionarse con su propio cuerpo, su dignidad y el amor que creía merecer. Llegó a pensar que la castidad era una fachada religiosa o una forma de controlar la vida afectiva.

Su experiencia de fe la llevó a descubrir otra perspectiva. Cuando decidió vivir la castidad, comprendió que no se trataba solamente de decir “no” a determinadas prácticas, sino de aprender una nueva manera de mirar el amor.

Su decisión concreta llegó el 10 de diciembre de 2021, ante la Eucaristía. Vivió la castidad durante su etapa de soltería hasta 2024 y después tuvo que aprender a vivirla dentro de una relación. Ahí descubrió algo importante: la castidad también implica aprender a cuidar el corazón, el cuerpo y el camino del otro.

Esta experiencia conecta con la pregunta 67 de YOUCAT Amor para siempre: «¿Pierdo mi libertad si me involucro en una relación de amor?». Para Nazarena, aprender a vivir la castidad ha estado estrechamente unido a descubrir que amar a alguien no significa dejar de ser libre.

Amar también significa cuidar

En su relación actual, Nazarena y su enamorado intentan preguntarse qué ayuda realmente al bien del otro. Al comenzar su relación, incluso pusieron por escrito algunas pautas. Identificaron situaciones que podían resultar difíciles y crearon sus propios “botones de ayuda”: recursos concretos para anticiparse a determinados momentos y cuidarse mutuamente.

No querían vivir su relación desde el miedo, sino conocerse mejor y tomar decisiones conscientes.

También descubrieron que los límites no pertenecen solamente al terreno de la intimidad física. Pueden aparecer en algo tan cotidiano como decidir cuándo terminar una llamada porque al día siguiente uno de los dos tiene que trabajar o estudiar.

“Ya es tarde, descansa. Mañana seguimos hablando” puede ser también una forma de amor.

Y cuando uno necesita decir “hasta aquí”, la reacción del otro importa. Para Nazarena, saber que ese límite será respetado sin presión, enfado o manipulación ha construido confianza en su relación.

“Un límite no es un rechazo: puede ser una manera concreta de decir: ‘Te amo, por eso te cuido’”.

¿Y qué pasa con el deseo?

Hablar de castidad no significa negar que exista deseo. Nazarena no presenta su experiencia como una fórmula para eliminar las dificultades, sino como un camino para aprender a responder a ellas.

En los momentos de tentación, ella y su novio intentan volver a una pregunta sencilla: “¿Qué es más importante que un momento de placer?” Desde ahí, buscan recordar qué tipo de relación quieren construir y qué significa procurar el bien del otro.

Esperar tampoco significa vivir el amor “a medias”. Al contrario, la espera les ha abierto otras posibilidades de intimidad: conversar, escuchar, rezar, servir, compartir proyectos, sorprenderse y divertirse juntos.

Nazarena habla también de la creatividad que nace cuando la relación no gira alrededor de lo físico. El noviazgo puede convertirse así en un tiempo para conocerse de otras maneras y descubrir quién es realmente la persona que tienes delante.

Si quieres profundizar en esta cuestión, puedes acudir a las páginas 58-61 de YOUCAT Amor para siempre. Allí encontrarás una reflexión sobre la sexualidad como una dimensión que implica a toda la persona y sobre la importancia de mirar al otro con respeto, libertad y dignidad.

Una libertad que se aprende

Quizá la palabra que más se repite en el testimonio de Nazarena sea libertad.

Ella reconoce que durante mucho tiempo confundió ser libre con hacer aquello que sentía en cada momento. La castidad le permitió descubrir otra posibilidad: también somos libres cuando podemos decir “no” a algo que deseamos porque hemos elegido un bien que consideramos mayor.

Por eso, tampoco quiere que su enamorado permanezca a su lado por obligación, dependencia o porque exista una intimidad física que los mantenga unidos. Quiere que él pueda elegirla libremente, del mismo modo que ella pueda elegirlo a él.

Desde su experiencia, la castidad ha cambiado la pregunta. Ya no se trata solamente de “¿hasta dónde podemos llegar?”, sino de “¿cómo podemos amarnos mejor?”

Cuando poner un límite también es amar

Para Nazarena, aprender a vivir la castidad ha significado también aprender a recibir los límites del otro sin interpretarlos como un rechazo.

En su relación, uno de los dos puede decir “hasta aquí” y saber que el otro respetará ese límite sin presión, enfado ni manipulación. A veces basta con cambiar de ambiente, salir a caminar, tomar un helado o buscar otra actividad que puedan disfrutar juntos.

Ese aprendizaje se extiende incluso a situaciones pequeñas: respetar las horas de sueño del otro, saber cuándo terminar una conversación o evitar que la pareja ocupe todo el espacio de la vida.

Por eso, Nazarena considera importante hablar de los límites antes de encontrarse en una situación difícil. Al comenzar su relación, ella y su novio pusieron por escrito algunas pautas e identificaron juntos aquello que podía ayudarles. No como una lista de prohibiciones, sino como una manera de conocerse y cuidarse mejor.

Saber amar no es solo estar enamorado

Hay algo más que Nazarena ha descubierto en este camino: no siempre sabemos amar simplemente porque estamos enamorados.

Por eso, la formación, la oración, la comunidad y el acompañamiento han tenido un lugar importante en su relación. También el diálogo con otras parejas y matrimonios con más experiencia. Para ella, pedir ayuda no significa que una relación esté mal, sino reconocer que aprender a amar requiere tiempo.

Precisamente por eso, YOUCAT Amor para siempre se convirtió para Nazarena y su novio en una herramienta concreta. Lo encontraron cuando buscaban recursos para hablar de cuestiones que no siempre resultan fáciles de abordar en pareja: amor, sexualidad, castidad y discernimiento. El libro les dio un lenguaje común para hacerse preguntas y tomar decisiones con mayor conciencia.

Si quieres profundizar en esta dimensión, puedes acudir a la pregunta 25 de YOUCAT Amor para siempre: «¿Tiene sentido que me busque un mentor espiritual?». Puede ayudarte a preguntarte con quién puedes hablar de tu relación, de tus dudas y de las decisiones que estás tomando.

Libres para amar

Nazarena no presenta su historia como una receta para otras parejas. Su camino ha sido concreto: hubo heridas, decisiones, una conversión en la manera de entender el amor y, después, el aprendizaje de vivir esa convicción dentro de una relación.

En su caso, la castidad ha significado aprender a poner límites, respetar los tiempos del otro, descubrir nuevas formas de intimidad y dejar de medir el amor por lo que uno está dispuesto a entregar físicamente. También aceptar que amar bien requiere formación, conversación, oración y, a veces, dejarse acompañar.

Quizá esa sea también una buena manera de acercarse a la castidad: no empezar preguntando solamente de qué hay que abstenerse, sino qué clase de amor quieres aprender a vivir.

Para Nazarena, la respuesta ha ido tomando forma con el tiempo: “La castidad no me quitó la posibilidad de amar; me enseñó que yo también merecía un amor que no me hiciera daño.”